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Burbujas turísticas, ¿el futuro del turismo en Chile?

Pensar en unas vacaciones fuera de Chile parece ser una realidad lejana, pero esto no es ni más ni menos que la nueva normalidad que nos tocará vivir de ahora en adelante, al menos por un tiempo. La determinación de las autoridades de mantener las fronteras cerradas para turistas internacionales y continuar con las exigencias de ingreso para los chilenos y extranjeros residentes en el país, sumado a los altibajos del virus, hacen pensar que las “travel bubbles” o “burbujas turísticas” serán una tendencia en nuestro país.

El término “travel bubbles” se instauró en algunos países a partir del Coronavirus y son esencialmente asociaciones exclusivas y estratégicas entre dos o más países, o regiones, que permiten los viajes entre territorios sin cuarentenas. Además, son una forma ingeniosa de restaurar de alguna manera las confianzas en viajar y en los viajes internacionales, sin poner en riesgo la situación epidemiológica del país. Y hasta el momento han demostrado ser una solución para aquellos países que buscan volver a encarrilar sus economías.

En el caso de Chile, no hay alianzas con países extranjeros para recibir a sus viajeros, y aunque los gremios del turismo seguirán presionando al gobierno para abrir las fronteras –situación que por ahora se ve lejana– el rubro ya está ofreciendo atractivas ofertas de alojamiento y vuelos para que los chilenos recorran y conozcan su país, incentivando así la burbuja turística nacional.

A estas ofertas se suma también que las platas retiradas de las AFP y los bonos entregados por el gobierno, han hecho que haya más liquidez disponible, lo que en definitiva permite a algunos planificar unas merecidas vacaciones después de tantas restricciones por el Covid-19 y un clima socio-político complejo y tenso.

Sin embargo, la burbuja turística nacional no favorece a todos los integrantes del sector. Por ejemplo, los hoteles de lujo que viven del turismo internacional son los menos afortunados con las burbujas turísticas locales. A sus elevadas tarifas, se suma lo complejo de las aperturas (costo de arranque), debido a la falta de personal interesado en trabajar en estos. Hay algunos que están trabajando a media máquina, pero hay otros que sencillamente han cerrado sus puertas esperando la apertura de fronteras para recibir a sus clientes provenientes del extranjero.

También está el caso de aquellos hoteles que han optado por reducir sus tarifas para capturar un mercado doméstico ansioso de movilizarse. Los casos más extremos, y donde no se vislumbra opción alguna, están en Isla de Pascua que tiene sus hoteles cerrados y los centros de ski que no abrieron esta temporada por falta de nieve.

Para la semana del 18 de septiembre se ha generado una demanda doméstica hotelera nunca antes vista. En el Valle del Elqui y en San Pedro de Atacama, los hoteles, el transporte y los servicios están casi todos vendidos, y en Valparíso y Viña del Mar los hoteles están con sus reservas prácticamente completas.

Sin duda, esto es un fenómeno transitorio que trae ganadores y perdedores, sobre todo porque quienes sepan aprovechar las “travel bubbles” saldrán más fortalecidos y quizás más competitivos que antes, ya que la próxima temporada estival será una gran oportunidad para que los chilenos recorramos nuestro maravilloso país.

 

Hernán Passalacqua, director ejecutivo de Fitzroy Tourism & Real Estate

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