Imagen país, turismo y energía Resumen cartas – El Mercurio

IMAGEN PAÍS, TURISMO Y ENERGÍA, POR HERNÁN PASSALACQUA

*La campaña en contra de las centrales de Aysén podría tener un impacto negativo en el flujo futuro de turistas no sólo a la zona, sino también a todo el país.

Desde que se anunció el proyecto de construcción de las centrales hidroeléctricas en Aisén hemos visto todo tipo de manifestaciones de apoyo y rechazo con diferente solidez argumental y análisis de mediano y largo plazo. Es la historia de los que impulsan el desarrollo para generar mayores oportunidades con incentivos económicos legítimos y quienes quisieran detener la velocidad del mismo sin proponer alternativas. Pero falta una propuesta de crecimiento sustentable donde las confianzas de ambos grupos se encuentren.

Para quienes apoyan las centrales de Aisén, los fundamentos pueden agruparse en un proyecto país, estratégico, vital para la independencia energética y aparentemente con ventajas comparativas sobre las otras energías. Una iniciativa que debiera asumir el compromiso de impulsar un desarrollo hidroeléctrico como nunca antes se ha hecho en este país y con el mayor estándar de protección ambiental a nivel mundial, para proteger debida y responsablemente un activo de todos llamado Patagonia.

Los opositores han desplegado una campaña bajo el eslogan “Patagonia sin represas”, pues se trata de un destino único, prístino, remoto, cautivador, y que de aprobarse la construcción de las centrales y el tendido eléctrico, no podría justificar turísticamente sus atributos diferenciadores. Es en este punto donde quisiera detenerme. Esta campaña podría tener un impacto negativo en el flujo futuro de turistas no sólo a la zona, sino también a todo el país. Los posibles efectos comunicacionales de su propia campaña pueden generar una externalidad negativa, afectando al proyecto hidroeléctrico en Aisén, productos exportables y la imagen país.

La campaña en cuestión, a la que adhieren ONGs internacionales que aparentemente no tienen sensibilidad con las necesidades y potencialidades turísticas de Chile, ilustra bien una voluntad de no intervenir un paisaje. Pero desde el punto de vista de imagen país puede representar un verdadero autogol a los intereses definidos por los organismos como ProChile que intentan invertir en imagen país.

Las razones se explican porque la campaña puede ser estigmatizante y será amplificada hacia el exterior, llegando a oídos de muchos turistas potenciales que recordarán un eslogan obstructivo y una imagen de desorden institucional, sin profundizar necesariamente sobre cómo se mitigaron los efectos adversos y qué planes de fomento de la actividad turística nacerían bajo el alero del proyecto, ampliando la propuesta de la región. De hecho, una de las fotografías de la campaña de “Patagonia sin represas” muestra a las Torres del Paine atravesadas por una línea de transmisión, que es obviamente un fotomontaje. Sólo el tiempo permitirá medir si dicha imagen afectó negativamente al mencionado parque, el cual recibe 100 mil turistas al año, con un valor económico aproximado de 300 millones de dólares

Como destino turístico, Aisén es incipiente y vive del rebalse que genera la zona de Magallanes, de la demanda puntual por la Laguna San Rafael, lodges de pesca y recaladas de cruceros. Las cifras lo confirman: los ingresos por turismo son un 5% del PIB regional o un 0,4% del turismo nacional; sin embargo, y a pesar de su participación baja, es importante en cuanto a su percepción y potencial. La revisión de estadísticas ratifica este planteamiento, pues mientras la XI Región sólo creció en el período 2002-2006 un 7%, la X Región exhibió un crecimiento de 18% y la XII un 28%. Por su parte, el promedio nacional es de 18%; por lo tanto, la conclusión es que Aisén está claramente rezagada y su futuro puede ser aún más adverso si la presión en contra del proyecto logra tener un impacto internacional.

Si la comunidad turística y las autoridades lo ven factible, hay que evaluar la oportunidad de innovar en la protección del entorno usando, por ejemplo, las utilidades del cobre a través del fondo de innovación tecnológica. Estos recursos podrían financiar el diferencial con tramos submarinos de la línea de transmisión, protegiendo zonas ambientalmente sensibles.

He conocido la realidad de Nueva Zelandia y Canadá y estudiado el caso de Noruega, países que han logrado desarrollar proyectos hidroeléctricos semejantes, interviniendo paisajes similares en geografía. Destaca el caso de Queenstown, en la isla sur de Nueva Zelandia, que genera 400 millones de dólares en ingresos turísticos anuales y está a 60 km de dos embalses de 700 MW y con una línea de transmisión de más de mil km, cruzando subterráneamente 50 km de mar hasta Auckland. Esa es la oportunidad que tiene todo proyecto para marcar una inflexión y demostrar que imagen país, turismo y energía pueden y deben ser compatibles.

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